rocío peña & mario sangalli | arquitectos | donostia · san sebastián
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A pesar de lo habitual que resulta ver el calificativo de ligereza asociado a la utilización del vidrio en arquitectura, lo cierto que no es en absoluto un material liviano.

No se trata únicamente de sus propiedades físicas, con una densidad de 2.500 Kg/m3 (equivalente a la del hormigón y 5 veces superior a la de la madera) que lo aleja de cualquier consideración de material poco pesado. Nos estamos refiriendo a su presencia visual, la misma a la que se apela con tanta frecuencia para justificar su uso.

Y aunque pueda entenderse que así se contemple, a priori, por tratarse de un material supuestamente transparente, a nada que uno analice sus muchas aplicaciones llegará a la conclusión de que, aparte de no ser tan transparente (su opacidad aumenta con el espesor, la presencia de reflejos y la inevitable suciedad) los elementos auxiliares necesarios para sus sustentación y estanqueidad terminan por arruinar esa pretendida ligereza visual.

Algunas inspiradas realizaciones (la ingrávida bóveda del British Museum, de Foster; el sensual Glass Pavilion de Sanaa; la sugerente Fundación Cartier de Nouvel, … ) continuadoras de las sabias aportaciones de los precursores de la arquitectura vítrea en los albores de la modernidad (Taut, Gropius, Mies, …), herederas a su vez de las pioneras propuestas ochocentistas (los grandes invernaderos, palacios y galerías de cristal), pueden invitar a pensar al profano que la utilización del vidrio es garantía de transparencia y ligereza, cuando en realidad se trata de excepciones, que requieren sofisticados medios y un elaborado y sabio diseño para ofrecer ese ansiado resultado.

El caso es que son muchos los que siguen creyendo que, si un elemento arquitectónico es de vidrio, desaparece. O al menos eso se desprende de su uso indiscriminado en los elementos más comprometidos de los cascos históricos de algunas ciudades, entre los que podríamos citar, en San Sebastián: el ascensor que desciende a la biblioteca central, junto a la sede del propio ayuntamiento; el desafortunado diseño impuesto para la “cubrición” de las terrazas del callejón de acceso a la plaza de La Trinidad; o la torpe marquesina adosada a las Escuelas Zuloaga, recientemente construida para cubrir el patio de juegos exterior. Ejemplos todos ellos que evidencian que, sin la adecuada reflexión ni los medios necesarios, se corre el riesgo de obtener un resultado contrario al pretendido, y terminar agrediendo un entorno necesitado de protección.

Ahora que empieza el mes de agosto, y con él llegan las vacaciones de verano, y con ellas, para muchos, la posibilidad de viajar, nos hemos acordado del viaje que hicimos el verano pasado por tierras portuguesas.

Cuando nos cautivó en nuestra primera visita, hace más de 15 años, pensamos que enseguida volveríamos a Portugal, pero lo cierto es que en todos estos años aún no habíamos conseguido repetir.

A pesar de la cantidad de ejemplos de buena arquitectura moderna que ofrece el país luso, las dos mejores experiencias arquitectónicas de esta segunda visita pertenecen a ese tipo de lugares que os perderéis si planificáis vuestro viaje con MiMoA. Que no se entienda mal; no tenemos nada en contra de Mi Modern Architecture; es más, nos parece una iniciativa interesante. Lo que queremos decir es que no siempre lo más reseñado es lo más interesante.

La primera noche la pasamos camino de Lisboa en mitad del campo, cerca de Castelo Branco, en una finca llamada Casa Belgais (ver en google maps).

Se trata de un pequeño oasis rural, rodeado de olivares, creado en 1.999 por la pianista Maria João Pires como Centro para el Estudio de las Artes, en el que se puede pernoctar y disfrutar de los frutos de la tierra que lo alberga.

Hace ya 4 años que Maria Joao cambió su Portugal natal por Brasil, por desavenencias con el gobierno portugués, abandonando su proyecto educativo consagrado a promover la creación artística a través de este centro/residencia para jovenes creadores. Un lugar de reflexión y preparación desde el que promovió la difusión de la cultura a través de la organización de espectáculos y conciertos.

Por suerte, parte de su legado sigue vivo, y al cuidado con el que acondicionó esta antigua granja se suma ahora la amabilidad y el cariño con el que Joana Pires, hija de la pianista, se ocupa de atender el Centro, con especial cuidado de que a los visitantes no les falte de nada, desde el desayuno hasta la cena.

Unos pocos kilómetros al sur de Lisboa, cerca de Sesimbra, se encuentra el Santuário de Nossa Senhora do Cabo Espichel (ver en google maps), un espacio emocionante en un entrono sobrecogedor.

Situado en el Cabo Espichel, al borde de los acantilados pero de espaldas al mar, se alza el Santuario de Nossa Señora do Cabo Espichel, una construcción barroca del siglo XVIII, formada por una sola nave con una capilla mayor y dos campanarios a los lados.

Pero lo que hace realmente singular a este espacio es la escala monumental que le confieren las hospederías, constituidas por dos interminables alas de habitaciones enfrentadas, que parten de sendos costados de la iglesia barroca, alojadas en una planta elevada sobre arcadas de piedra.

El contraste de escalas (entre la doméstica de cada célula y la monumental del conjunto) y de estilos (entre el manierismo de la iglesia y la sobriedad de las hospederías) contribuyen a dotar al espacio de un carácter místico que invita a la reflexión, en plena sintonía con la ambientación que ofrecen los acantilados.

La semana pasada asistimos en Pamplona a la entrega de los Premios COAVN 2010, para recoger el diploma que nos acredita como finalistas en edificación residencial, por la Casa Urrezkoenea.

Suponemos que la  decisión de celebrar la ceremonia en la capital navarra obedece a que le correspondía por turno, pero lo cierto es que en esta ocasión no podía resultar más indicada, ya que en Pamplona tiene su estudio el Decano, navarros son los autores de 22 de las 40 distinciones entregadas, y en Navarra se localizan 16 de las 34 obras reconocidas con algún galardón.

Para cerrar el círculo como Dios manda, el COAVN escogió como sede la obra premiada en la modalidad de Rehabilitación y Restauración: la Casa del Condestable, obra del tándem Tabuenca+Leache que despertó nuestra admiración por la sobriedad de la intervención y la habilidad y elegancia con que han sabido recuperar y dar sentido a los restos de este edificio maltratado por la historia.

Lástima que la sala en la que se ofreció el lunch estuviera afeada por el montaje de la exposición de los propios Premios COAVN, cuyos autores no han sabido estar a la altura del contenedor, disponiendo de forma vulgar unos paneles mal compuestos y peor reproducidos, en sintonía con un catálogo en cuya confección ha primado la cantidad sobre la calidad, al contrario de los canapés que nos ofrecieron para cerrar el acto.

La entrega de los premios había tenido lugar previamente, en la sala de conferencias del centro, presidida por D. Manuel Sagastume, decano del Colegio de Arquitectos Vasco-Navarro (que además de ejercer como maestro de ceremonias figuraba él mismo entre los premiados), el presidente de la delegación navarra, Javier García-Barberena, y el presidente del Consejo Superior, Jordi Ludevid, acompañados en la mesa por el presidente del Gobierno de Navarra, Miguel Sanz, la viceconsejera de Vivienda del Gobierno Vasco, Mari Paz Larrumbide, y la alcaldesa del Ayuntamiento de Pamplona, Yolanda Barcina, cuya intervención, cerrando el acto, resultó reveladora.

Y es que, frente al apagado tono que utilizó la viceconsejera para recordarnos a todos, en un momento de celebración, la gravedad de la crisis que estamos atravesando, la alcaldesa no ocultó su euforia por el abultado número de reconocimientos obtenidos por las obras y los equipos navarros.

De modo que algo que, a priori, a cualquiera podría resultarle cuando menos sospechoso (que prácticamente la mitad de los reconocimientos se concentre en una de las cuatro delegaciones del vasco-navarro) se transformaba, en boca de la alcaldesa, en prueba irrefutable de la buena gestión realizada por la Administración Navarra, con el ayuntamiento de Pamplona a la cabeza, a la hora de adjudicar y promover las obras públicas.

A lo que cabe añadir que, por deducción, tambien queda acreditada la mala gestión realizada por la Administración Guipuzcoana, tímidamente representada con un accésit (por las vpo promovidas por el Ayuntamiento de San Sebastián) y una selección como finalista (por el Centro Nanogune, promovido por los gobiernos Vasco y Central); ambas, dicho sea de paso, de equipos foráneos.

Algo que en realidad no debería sorprendernos de un territorio en el que priman los criterios económicos y de filiación política sobre la calidad arquitectónica a la hora de adjudicar proyectos financiados con dinero público.

En todo caso, la revelación de la alcaldesa despeja tan solo uno de los reproches que podían plantearse a priori al fallo del jurado, pero no los restantes:

1.- ¿Qué sentido tiene dejar desiertas 6 de las 10 modalidades?

La primera respuesta puede deducirse de las bases de los propios Premios COAVN, que contemplan la posibilidad de dejar desierta cualquiera de sus modalidades si en opinión mayoritaria del Jurado las obras presentadas no tienen la calidad suficiente que las haga merecedoras del mismo. El problema es que dejar desiertos un 60% de los premios atenta contra el objetivo fundamental de los Premios, que según reza en las mismas bases es el reconocimiento público de las actuaciones concretas más destacadas de nuestra Demarcación Colegial.

Lo triste es que existe una segunda respuesta, más creíble pero no menos lamentable: que al haberse previsto únicamente presupuesto para la confección de 10 premios, y pretender el jurado distinguir más de un trabajo en alguna modalidad (en el caso de la dotacional llegan a ser 3 los premios ex-aequo), se vio en la necesidad de dejar desiertas más de la mitad de las modalidades.

2.- ¿Por qué hay arquitectos que tienen más de una obra en la misma modalidad?

Según las bases de los Premios, solamente puede presentarse una obra por Arquitecto o Equipo de Arquitectos en cada modalidad.

Al cambiar de modalidad a los proyectos “Lounge MS en Cadreita”, de Vaillo+Irigaray y “Reforma y Ampliación de la Biblioteca Foral de Bizkaia en Bilbao” de IMB (cosa que no hizo con el “Centro Hipico de Alto Rendimiento” de Mangado, que sorprendentemente admitió como edificación industrial) el jurado consiguió duplicar la representación de dichos equipos en las modalidades Dotacional y de Interiorismo, contraviniendo el espíritu de los Premios, con el agravante de que en ambos casos resultaron reconocidos sendos trabajos.

3.- ¿Avala el resultado el cambio introducido en la designación del jurado ?

Hasta la presente convocatoria, los dos miembros de calidad del jurado eran designados según las propuestas más votadas de las realizadas a tal efecto por los concursantes. Sin mediar ninguna explicación, las nuevas bases establecen que sean designados por la Junta de Gobierno del COAVN.

Suponiendo que la medida se haya adoptado para evitar que una afinidad de criterio entre ciertos participantes condicionara la elección de los miembros designados (no se nos ocurre otro motivo) ¿ha sido esta una solución eficaz? ¿o sigue pareciendo que, salvo raras excepciones, todos los proyectos premiados están cortados por un mismo patrón?

Con estas dudas sin despejar regresamos de Pamplona, con el diploma de finalistas por la Casa Urrezkoenea debajo del brazo, y el dudoso consuelo de que nuestra obra haya sido la única de un equipo guipuzcoano reconocida en esta edición de los Premios COAVN.